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Friday, May 13, 2011

Yo voto por Ollanta Humala y NO voto por Keiko Fujimori

(Blogger ha borrado temporalmente los posts del 11-13 de mayo, este post fue publicado originalmente el 11 de mayo)

Voto por Ollanta Humala porque quiero que el sistema democrático y el crecimiento económico se mantengan, y que ambos se traduzcan en desarrollo económico para todos.  Durante las últimas semanas se ha venido diseminando esta idea de que Ollanta Humala significaría un retroceso para la economía peruana.  Este es un concepto equivocado.  El principal problema de la economía peruana y del sistema democrático peruano es la desigualdad, la cual se traduce (en parte) en conflictos sociales.  Fueron estas tensiones las que trajeron como consecuencia tanto la dictadura de Velasco (con apoyo popular) como el asidero que encontró Sendero Luminoso a fines de los 70s y durante los 80s.  Ollanta Humala, quien propone el mantenimiento de las políticas macroeconómicas responsables que aseguran el crecimiento económico, representa un ajuste que relajaría la presión social, combatiría la desigualdad y contribuiría a que la inversión privada (nacional y extranjera) se traduzca a desarrollo económico.  Un ejemplo claro es la propuesta del impuesto a las sobreganancias mineras, concepto que se aplica en todo el mundo, en especial en casos de inversiones que tienden a no mejorar la calidad de vida de los habitantes de un país por la naturaleza de la misma (como es el caso de la inversión en la minería).  Esta relajación de la presión social permitiría que exista una mayor estabilidad social, lo cual haría aun más atractivo al Perú ante los ojos de los inversionistas privados.
NO voto por Keiko Fujimori porque su elección significaría poner en peligro el crecimiento y desarrollo económico del Perú.   Los tres casos más resaltantes en que los conflictos sociales se salieron de control son Ilave, Bagua y Tía María.  Las políticas económicas, laborales y ambientales propuestas por Fujimori contribuirían a un aumento de conflictos sociales de este tipo al destruir, aun más, los estándares laborales y disminuir la regulación de la inversión privada en el interior del país.  Hoy la Defensoría del Pueblo señaló que existen 233 conflictos en el Perú, de los cuales el 50.2% son relacionados a temas socio-ambientales.  En un eventual gobierno fujimorista, tanto éstos como los nuevos conflictos que pudieran aparecer como consecuencia del modelo seguido, correrían el riesgo de salirse de las manos.  Ya conocemos cómo el gobierno fujimorista reprimió la protesta social durante los 90s.  Esta inestabilidad social es la que ahuyentaría a la inversión privada.
Voto por Ollanta Humala porque sé que NO representa al chavismo y todas las medidas dictatoriales que este fenómeno nocivo implica.  La defensa de radios constantemente acosadas y hasta cerradas por el actual gobierno por el simple hecho de estar en desacuerdo con algunas políticas, es prueba de las convicciones democráticas del Partido Nacionalista.  También es prueba de ello la inclusión de técnicos, profesionales y políticos de otros partidos democráticos no sólo para la foto, sino para contribuir a afinar las propuestas de Gana Perú.  Ésta es política de la buena, la que genera consensos, la que produce; no es  el transfuguismo comprado en la sala del SIN de los 90s.  Por último, sé que en el supuesto negado de  que Ollanta Humala decida aplicar alguna medida de tinte dictatorial-chavistoide toda la prensa peruana, el congreso y las ONGs se le van a tirar encima y van a hacer imposible la aplicación de la misma.
NO voto por Keiko Fujimori porque pienso que su concepto de democracia es uno totalmente distorsionado.  Prueba de esto es que durante el gobierno de su padre, del cual ella fue parte ACTIVA con pleno conocimiento de todo lo que ocurría desde agosto de 1994 y al que ha defendido calificándolo como “el mejor gobierno de la historia”, no existía la separación de poderes.  El Poder Judicial y el Congreso de la República servían sólo para encubrir todas las atrocidades cometidas por la dictadura.  No voto por Keiko Fujimori porque sé que el día que tome la decisión de remedar lo hecho durante los 90s, que NO es un supuesto negado, toda la prensa que hoy intenta destruir a Ollanta Humala con mentiras y tergiversaciones va a estar a su servicio, tal y como lo hicieron en 1992, y tal y como lo hicieron durante toda la dictadura, con la excepción de los últimos meses.
Voto por Ollanta Humala porque sé que en su gobierno todos los delitos cometidos por Alan García y la cúpula que se hace llamar aprista (porque ellos son los grandes responsables de la debacle aprista, y no son apristas verdaderos) no van a quedar impunes.  NO voto por Keiko Fujimori porque el apoyo de Alan García a Keiko Fujimori en estas elecciones, así como el pacto para blindar a los involucrados en actos de corrupción durante los últimos 5 años, me asegura que el fujimorismo va a hacer todo lo posible para que la corrupción del gobierno actual no sea castigada por la justicia peruana.
Por último, voto por Ollanta Humala y NO voto por Keiko Fujimori porque creo que nos haría un daño terrible como nación premiar a los que durante la década de los 90s mataron, robaron, ejecutaron extrajudicialmente, corrompieron, destruyeron las instituciones democráticas y un largo etc, con la Presidencia de la República.
Voto por Ollanta Humala porque tengo el orgullo de ser peruano, y quiero que mi país sea un país justo, solidario, próspero y libre.
RoD

Monday, April 18, 2011

Más peruano que nunca: La Marcha de los 4 Suyos

En los años siguientes a las elecciones de 1995 me fui interesando más por la política peruana, muy probablemente porque algunos de los temas conversados en la mesa a la hora del almuerzo eran temas políticos.  Yo era uno de esos chiquitos que durante sus recreos en primaria hablaba de política, y a muy pocos les importaba lo que tenía que decir.  Esto cambió un poco con las elecciones del 2000.  Recuerdo que en ese 6to de primaria tenía un profesor que, a pesar de que era fujimorista, quería que sus alumnos estén informados de lo que estaba ocurriendo en el país.  Un par de veces tuvimos “debates” en el salón, generalmente éramos 4 o 5 los que tratábamos de debatir con el profesor.
           
Sin embargo, no fue hasta la denominada “Marcha de los 4 suyos” que sentí que era parte de lo que meses después sería el (re)nacimiento de la democracia peruana.  Recuerdo claramente los meses previos a la marcha: recuerdo saltar y celebrar en la casa de mis abuelos en Cárcamo cuando el boca de urna daba como ganador de la primera vuelta a Alejandro Toledo, y recuerdo la frustración e impotencia sentida por mí y por toda mi familia cuando la ONPE iba dando resultados distintos extremadamente cuestionables, por decir lo menos.

La situación que vivía el país en ese tiempo era insoportable: los medios de comunicación de señal abierta estaban completamente parcializados (comprados por el fujimorismo en una sala de sillones marrones) a favor del régimen fujimorista.  Canal N recién nacía, y tanto La República como Liberación eran, creo, los únicos diarios que tenían una posición distinta entre tanta aberración periodística, incluyendo al diario decano.  Cómo olvidar al canal 2 y al canal 9 mostrando sólo las cifras de votos válidos en la segunda vuelta, a pesar de que Alejandro Toledo había llamado a viciar el voto.  Cómo olvidar cuando el canal 4 y el canal 5 mostraban “El Chavo del 8” y el show de ese tiempo de Raúl Romero a las 6 de la tarde, cuando Lima ya comenzaba a arder por las protestas en contra del régimen ese (si la memoria no me falla) 28 de mayo.

Cuando, días después, Alejandro Toledo convocó a la “Marcha de los 4 suyos”, toda mi familia comenzó a organizarse.  Vengo de familia aprista, pero del APRA de Haya de la Torre, no de la perversión en la que la dirigencia actual ha convertido al partido del pueblo, y como familia aprista teníamos que estar presentes.  Recuerdo que el mitin de ese 27 de julio del 2000 fue una experiencia surreal.  Éramos como 35 los miembros de la familia que nos unimos al millón de almas (hasta ahora no tengo claro cuánta gente fue, pero fue demasiada) que se juntó frente al Hotel Sheraton en Paseo de la República.  Todas las fuerzas democráticas estaban presentes, desde los comunistas que querían participar del sistema democrático hasta el conservador Castañeda, pasando por el difunto Alberto Andrade, miembros del Partido Aprista Peruano, Acción Popular, entre otros.  Ese 27 de julio fue el verdadero 28 de ese año, fue el día en que de verdad conmemoramos la independencia de nuestro Perú.

Pero si el 27 de julio fue una fiesta, el 28 de julio fue una lágrima.  Recuerdo despertarme a las 8 AM, prender el televisor, sintonizar al canal 8 (canal N) y ver un manifestante levantando una bomba lacrimógena lanzada por la policía y arrojarla de vuelta a los policías.  La impotencia, la frustración y la cólera, acaso apaciguadas por lo vivido la noche anterior, regresaron en un segundo.  A las pocas horas mi hermano mayor me dijo que iba a ir a la marcha.  Otros miembros de mi familia ya estaban en el centro de Lima.  Los mayores y los menores se quedaron en sus casas, la cosa era muy seria y peligrosa.  Tuve que rogarles a mi mamá y a mi papá para que me dejaran ir…cómo les habré rogado para que dejaran ir a un chico de 12 años. 

Las imágenes que vi ese día son muy difíciles de olvidar.  Recuerdo llegar a la plaza San Martín, levantar la mirada y ver una nube negra, que luego me enteraría era producto del incendio del Banco de la Nación (provocado por la mafia fuji-montesinista para desprestigiar la marcha).  Recuerdo correr junto con mi hermano y mi tío para alejarnos de un pinochito.  Recuerdo que un señor de edad desconocido me empezó a hablar emocionado porque veía a gente joven en la marcha, y también recuerdo que tuvo que interrumpir su discurso para correr porque el pinochito estaba haciendo una segunda pasada.  Recuerdo voltear a una bocacalle y ver sólo humo y gas lacrimógeno en el horizonte, y segundos después veía sólo los cascos de los policías que brillaban entre el humo y el gas…a seguir corriendo.  Recuerdo regresar a la plaza San Martín, donde algunos congresistas de la oposición querían improvisar un mitin.  La gente gritaba “no hay presidente”, y, cuando Jorge Del Castillo se disponía a hablar, la gente empezó a gritar “no hay congresistas”, fue algo gracioso dentro del mar de sustos y furia vivido ese día.  Recuerdo no poder mantener mis ojos abiertos, recuerdo tener problemas para respirar.  Era como si todo lo experimentado como un ser humano que vive bajo una dictadura era ahora experimentado por mi cuerpo.  En ese tiempo no te dejaban ver, no te dejaban respirar.

Más allá de si la “Marcha de los 4 suyos” fue efectiva o no, cuando meses después vi el mensaje a la nación mediante el cual el dictador convocaba a elecciones y decía que no iba a participar en ellas, sentí un alivio y una satisfacción tremenda.  Por más inocente o iluso que suene, cuando el congreso declaró la vacancia presidencial (recordemos que su renuncia por fax no fue aceptada) sentí que había contribuido para que la democracia regresase al Perú.  Por más inocente e iluso que suene, en ese instante, en ese pequeñísimo capítulo de una historia peruana llena de dictaduras, traiciones y desigualdades sociales, sentí que mi país tenía un futuro en democracia.  Me sentí más peruano que nunca.
RoD